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Apuntes históricos sobre la Fiesta de Moros y Cristianos en Benamahaoma. I

Introducción



El presente artículo tiene como objeto realizar un breve recorrido por lo que ha sido el devenir histórico de estas tradicionales Fiestas en los dos últimos siglos. El marco temporal escogido lo impone la existencia de documentación, tanto archivísticas como hemerográficas, algunas conocidas otras inéditas, que hemos podido localizar para abordar este pequeño estudio. Igualmente este artículo pretende aportar su granito de arena en el conocimiento de estas Fiestas y ayudar, en la medida de lo posible, para que sean reconocidas como Fiestas de Interés Turístico Nacional de Andalucía.

Las primeras noticias documentadas de las Fiestas de Moros y Cristianos de Benamahoma.

Muchos autores han hablado de la antigüedad de las Fiestas de Moros y Cristianos en Benamahoma, remontándose incluso a la mal llamada Reconquista(1).
Según el catedrático de Antropología Social, Salvador Rodríguez Becerra, estas fiestas, que proceden de ese periodo histórico, se seculariza en Andalucía en las denominadas luchas festivas entre nobles y caballeros, agrupados en dos bandos, moros y cristianos, para conmemorar la participación de las familias nobiliarias en la reconquista de los territorios. En el siglo XVIII la representación pasa de la nobleza al pueblo y de las ciudades a las aldeas, institucionalizándose en fechas fijas y periódicas ligadas a la festividad de los patrones(2).

El africanista jerezano Tomás García Figueras indicaba, en su maravilloso artículo en la revista África, un origen remoto “absolutamente desconocido para la aldea, donde se limitan a decir que como aquel poblado lo tenían los moros, y pelearon en él los cristianos la fiesta tiene ese significado remoto y confuso” así mismo añadía que “No hay (…) recuerdo documental de su origen, la tradición popular la hacer remontar siglos. Los viejos de hoy oyeron contar siempre a sus abuelos que esto era así, de siglos, de cuando echaron de allí a los moros”(3).

Otros, como Arturo Gabriel, se atrevieron a dar una fecha. Gabriel escribió en un artículo para ABC(4) que el historiador arcense Jesús de las Cuevas le indicó en 1971, en los que ambos estuvieron presentes en las Fiestas de Moros y Cristianos de aquel año, que el origen de dichas fiestas se remontaba hacia la fecha de 1610, sin aportar ningún dato más. Por último, Mario Fuentes Aguilar, apuntó un dato interesante como posible origen de estas fiestas en las llamadas “comedias de moros y cristianos que tan de moda estuvieron en los siglos XVI y XVII”(5)).

Las primeras referencias escritas que hemos podido documentar se remontan a la segunda mitad del siglo XIX, en la década de los 60 de dicho siglo, bajo el reinado de Isabel II. Corresponden a una serie de autorizaciones administrativas en el que se recogen el trámite por el que la Autoridad Gubernativa (gobernador civil)
otorgaba, denegaba o ponía reparos a la autorización de actividades relacionadas con diversiones públicas y espectáculos. Esta documentación se conserva en el Archivo Histórico Provincial de Cádiz(6)).

Así, el 4 de junio de 1861, el alcalde de Grazalema, Juan Pomar, escribía al gobernador civil diciéndole que el alcalde pedáneo de Benamahoma le había “solicitado licencia para un holgadero o capea el día de San Antonio, 13 de este mes, con motivo de la festividad del dicho Santo que es el Patrono titular de la misma aldea”. El día 10 de junio el gobernador civil contestaba autorizando el espectáculo taurino, pero indicaba al alcalde de Grazalema que quedaba “responsable de la conservación del orden” y estaba obligando a “adoptar las medidas que encuentre prudente para evitar desgracias personales”(7)).

El siguiente año, con vista a comenzar los preparativos de las fiestas, el alcalde pedáneo escribió, el 5 de mayo de 1862, al alcalde de Grazalema, Juan Pomar, diciéndole que:
“Con motivo de acercarse los días de nuestro titular el Sor. (Sic)
San Antonio de Padua, y deseando este vecindario solemnizar su fiesta con función o simulacro de moros y Cristianos como es de costumbre y además dos o tres holgaderos, suplica a V.S. se digne conceder su licencia o bien reclamarla a quien corresponda para desde luego dar principio a la circunvalación de la plaza y demás preparativos necesarios, a fin que se encuentre todo concluido para el 13 del próximo Junio, que es la festividad”(8)).

El alcalde se lo trasmitió al gobernador civil contestando éste el 12 de mayo:
“En vista de la comunicación de V. de 7 del que rige por la que solicita autorización para celebrar en la aldea de Benamahoma un simulacro de moros y cristianos y las demás fiestas de costumbre en el día de San Antonio titular de la expresada Aldea, he venido a conceder la expresada autorización, cuidando esa Alcaldía de la conservación del orden público y de evitar las desgracias personales”.
De nuevo tenemos datos para el año 1864. El 18 de mayo de 1864 el alcalde pedáneo de Benamahoma escribió al alcalde grazalemeño, Francisco Gago, solicitando de nuevo la licencia pertinente para llevar a cabo la tradicional fiesta:
“Con motivo de acercarse el 13 de junio día en que celebra el vecindario de esta aldea la festividad del Sr. San Antonio de Padua como abogado y patrono, y deseando solemnizar sus fiestas como de costumbre con fuegos artificiales, un simulacro entre moros y Cristianos, y dos o tres holgaderos, suplico a V.S. que previos los requerimientos necesarios, se digne reclamar la competente licencia al Excmo. Sr. Gobernador Civil de la provincia, a fin de que desde luego pueda darse principio a la circunvalación de la Plaza y demás preparativos que son inherentes y necesarios para dicha función”(9)).

El gobernador civil autorizó la celebración de la Fiesta el 24 de mayo de 1864.
Sobre las Fiestas de Moros y Cristianos en Benamahoma durante los últimos años del siglo XIX y primeros del XX apenas poseemos más datos directos. Sólo hacer mención a lo que nos indica Tomás García Figueras de que las Fiestas de Moros y Cristianos pasaron una serie de vicisitudes a finales del siglo XIX. Según García Figueras la costumbre que se tenían de dejar el primer día de Fiesta la imagen del Santo en una casa particular, donde quedaba guardado hasta el día siguiente, “y tal vez los abusos e irreverencias que se cometían con las imágenes en otros pueblos determinó la orden de prohibición de la fiesta durante algunos años, rigiendo la Diócesis de Sevilla el Cardenal Spinola”(10)).

La Fiesta de Moros y Cristianos durante el final de la Dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República.
Hasta finales de los años veinte del siglo XX no volvemos a tener referencias documentales de la celebración de las Fiestas de Moros y Cristianos en Benamahoma. Esto no quiere decir que no se celebraran con anterioridad, tras ser levantada la prohibición que habían pesado sobre las mismas.
En 1928 la fiesta de Moros y Cristianos resultaron “un poco desanimadas, como consecuencia del escaso dinero” debido a que los trabajadores de Benamahoma se encontraban en paro forzoso por la suspensión de los trabajos en la carretera en construcción desde El Bosque a Grazalema, a su paso por Benamahoma(11)).

Las fiestas de 1929 fueron las primeras que se celebraron habiéndole sido concedida a Benamahoma su constitución como Entidad Local Menor, noticia que fue recibida pocos días antes de la celebración de sus tradicionales fiestas.
Durante la Fiesta de Moros y Cristianos de 1929, que se desarrollaron durante los días 13 al 15 de junio, se celebraron una serie de becerradas para los aficionados “dirigidas por los acreditados novilleros sevillanos Juan Luis Ruiz, Juan Balbontín y José Ferrazano (Ferrazanito)”(12)).

Las fiestas del año 1930, últimas fiestas antes de la proclamación de la Segunda República en las que fueron prohibidas hasta 1935, fueron animadas. La comisión de Festejos integrada por Fernando Fernández del Castillo, presidente; Francisco Meseguer Pérez, secretario; Manuel Salguero Chacón y José Rodríguez Castro, vocales, “interpretando los deseos de todo el vecindario” ofrecieron un rico programa de actividades(13)).

Así, el día 13 de junio las fiestas comenzaron con una “solemne función religiosa, asistida por un Rvdo. P. Capuchino, el cual hará el panegírico del Santo” continuando con “su magnífica procesión, y depósito de la bendita imagen del Santo, en cautiverio en la casa del piadoso vecino don Manuel Castro Rodríguez”. La procesión estuvo acompañada en todo momento por la banda de música de Ubrique “llenando el aire con las armonías de su escogido repertorio musical”. Igualmente se celebraron “bailes populares” y “carreras de cintas en bicicleta”.

Se advertía en la nota informativa que:

“Durante todo el día se capturará a los transeúntes, conduciéndoles ante el Santo, a fin de que oblen lo que tengan por conveniente. Ninguna persona podrá ser aprehendida más que una sola vez”.
Por la tarde de ese día 13, se celebró una “soberbia corrida de novillos de afamada ganadería”, y por la noche una “grandiosa Verbena e iluminación a la veneciana” quedando establecida en “la bonita Alameda, recientemente construida” con “kermese, iluminación a giorno, tómbola, todo amenizado por un artístico y variado certamen musical”.
Al día siguiente, 14 de junio, se realizó la “procesión en rescate del bendito Patrono” en el que “el bando cristiano, con su capitán, rescatará al glorioso San Antonio de la cautividad que le han infligido el cabecilla moro y sus genízaros”. Los cristianos estaban provistos para su ataque de “cimitarras y chafarotes”, y los moros de “alfanjes y espingardas”. La fiesta continuaba en la Alameda con “carreras de embolsados”. Por la noche: “función de fuegos artificiales y bombas japonesas”.
Como cierre de las fiestas del año 1930, el último día, 15 de junio, se realizó un “concurso de belleza femenina” en el que había establecidos varios premios. Igualmente había otro concurso de “hombres feos, pero sin premios”. Por la tarde “otra gran corrida de novillos”, y por la noche, en la Alameda, “elevación de globos y fantoches y buñolada”.
La comisión hacia un llamamiento “a todos los fieles” para que “el entusiasmo y la religiosidad se desborde en obsequio y honor del Santo Patrono”. Por ello se interesaba “que cada cual invite a sus relaciones de otros pueblos, para que nos honren con su asistencia, en la seguridad de que les serán guardados todo el respeto y las consideraciones que la más cordal hospitalidad impone a un sincero agradecimiento por su concurso personal”. Además la comisión advertía que “los forasteros no podrán ser cautivados ni por moros ni por cristianos, quedando a su voluntad la cantidad que han de depositar al Santo”.
El artículo periodístico, firmado por J. García Martín el 3 de junio de 1930, terminaba con una Invocación que reproducimos a continuación:

“¡Oh, San Antonio, que nacido en Lisboa te pusieron de Padua porque aquí desarrollaste la fuerza de tu fe y entusiasmo por la religión cristiana¡
¡Oh, Santo milagroso, patrono de las doncellas en estado de merecer¡
¡Oh, glorioso San Antonio, que tocado de la Divina Gracia, ansiaste derramar tu preciosa sangre con un santo martirio por amor a Jesucristo¡
¡Haced, divino maestro, que los beneficios materiales se desparramen sobre estos ardientes devotos, consiguiendo que las doncellas tomen estado, que los jóvenes sean amantes y fieles a sus esposas, que se multiplique extraordinariamente la caza en este término, que es el pan de los pobres este invierno; que los árboles se cuajen de sabrosísimos frutos y estas huertas den una gran cosecha, que la industria de sus sillas florezca cada día más, que empiece pronto el último trozo de la carretera de Grazalema, que los servicios públicos se realicen en optimas condiciones, y, por último, que los vecinos que por su edad estén privados del trabajo diario, encuentren en el bienestar general, en la abundancia y en el afecto de sus convecinos, esa tranquilidad del alma y salud corporal que solamente da derecho una vida de constantes desvelos, sacrificios y honradez acrisolada!”.

Como hemos comentado anteriormente, estas serían las últimas Fiestas de Moros y Cristianos en Benamahoma hasta el año 1935(14), ya que fueron prohibidas durante parte de la Segunda República, favorecida por la política laicista llevada a cabo durante el bienio reformista. No sería hasta el bienio 1934-1936, con un gobierno radical-cedista, cuando las políticas laicistas llevadas acabo durante el primer bienio se paralizaron y se buscó una conciliación con la Iglesia Católica, favoreciendo de nuevo las manifestaciones de índole religioso.
La aportaciones al estudio de la Fiesta de Moros y Cristianos en Benamahoma realizada por Tomás García Figueras.
D. Tomás García Figueras (Jerez de la Frontera, 1892-1981)
, fue un militar africanista y bibliófilo que desarrolló una buena parte de su vida y carrera profesional en Marruecos donde llegó a ocupar distintos cargos, entre ellos el de Delegado de Asuntos Indígenas (1952-1956).
Igualmente fue alcalde de Jerez de la Frontera desde 1958 hasta 1955. Durante toda su vida desarrolló una fecunda obra y aglutinó una importantísima documentación especializada en África y mundo árabe en general y del Protectorado de España en Marrueco en particular. Esta colección fue donada por García Figueras a la Biblioteca Nacional de España en 1966, conociéndose hasta 1989 como “Colección García Figueras”(15).

Entre esa fecunda obra se encuentra el maravilloso artículo que realizó para la revista colonial África donde aporta una serie de datos y fotografías interesantísimas de cómo se desarrollaron las Fiestas de Moros y Cristianos en la Benamahaoma de 1935, en las que estuvo presente. Posteriormente escribiría, en 1959, un artículo en el ABC sobre las Fiestas de Moros y Cristianos en Benamahoma donde recogió parte de su investigación in situ realizada en 1935, aportando una serie de datos nuevos. Igualmente hemos localizado un documento mecanografiado, sin fecha ni firma aunque probablemente realizado por García Figueras, en la Biblioteca Nacional de España que aporta también una serie de datos interesantes en cuanto al desarrollo de la fiesta tras la posguerra.
En su artículo para la revista África recoge, entre otros datos, como se desarrolló las luchas de Moros y Cristianos en 1935(16):

El día 13 de junio, por la mañana, se dijo una misa en la Ermita de San Antonio posteriormente se sacó en procesión al Santo, una procesión muy sencilla con un estandarte y un paso “pequeñito, como la imagen, que los hombres llevan cogidos por las andas, y unos músicos”. Desde la salida, los cristianos fueron delante protegiendo al Santo. Los moros permanecieron emboscados.
El primer encuentro entre los bandos se dio al comienzo de la calle San Antonio. Según el autor antes de 1935, aunque no especifica cuando, “venían los moros disparando sus escopetas y dando gritos de guerra desde el nacimiento del Majaceite. Así trepaban en dirección a la ermita, comenzando entonces las guerrillas”.
Desde la salida los cristianos le gritaron a los moros: “¡Cobardes¡, ¿Dónde estáis?, salir, traidores; no esconderos, gallinas, (…).
” Los moros emboscados salieron a su encuentro, se insultaron, lucharon, (…): “Los capitanes de ambos bandos se adelantan, cruzan los sables, se baten, luchan cuerpo a cuerpo animados por los gritos de aliento de los suyos, caen abrazados; entonces gritan: hijos míos ayudadme. Y las escopetas de ambos bandos disparan al aire”. Los moros salieron vencedores y marcharon delante del Santo. Los cristianos en retirada le dijeron a los moros: “antes peleabais por matarlo y ahora por defenderlo” (…) “y unos y otros mezclan los gritos de reto con los más feroces y enconados insultos”
Continuando por la calle San Antonio se va alternando la lucha, las “guerrillas” como las llamaban en aquella época los lugareños. El recorrido continua por la calle Real llegando a la plaza del pueblo donde se da por finalizada la lucha, quedando el Santo custodiado por el bando moro: “Ese día no vuelve el Santo a su Ermita, se tiene dispuesta una casa particular y allí se coloca y queda guardado hasta el día siguiente”
Mientras el Santo espera en la plaza ser trasladado a la casa particular, los dos bandos se dedican a hacer prisioneros entre los que han acompañado la procesión, para que, dentro de sus posibilidades, paguen su “rescate”, es decir, una limosna que era invertida para sufragar los gastos que ocasiona el festejo y en la compra de lo que fuese necesario para la Ermita.
Al día siguiente, 14 de julio, se celebró de nuevo misa en la Ermita. Luego bajaron hasta la casa donde quedó el Santo el día anterior. Una vez recogida la imagen recorrieron el resto de la calle Real, realizando sus “guerrillas” para llegar a la Ermita a través de la calle Marqués de Estella. La última lucha tuvo lugar en el mismo sitio donde se dio el día anterior la primera; esta vez salen victoriosos los cristianos que se hacen con la imagen y la introducen en su templo, finalizando así las Fiestas de Moros y Cristianos.
En este artículo García Figueras aporta datos interesantes en cuanto a la configuración y forma de vestir de ambos bandos:

Cada bando estaba compuesto por un capitán y seis soldados que podían ser variable según las personas que desearan intervenir, o el vestuario y armas disponible, etc. Los cargos de capitán y soldados de ambos bandos no estaban vinculados a determinados individuos, aclarando que “los que intervienen en la organización de las fiestas los designan cada año variando, en general, de uno a otro”
Los capitanes llevaban sables antiguos y los soldados iban armados con escopetas de uno o dos cañones “estando provistos de buena cantidad de cartuchos con tacos”
Los cristianos iban vestidos con uniformes del ejército o en su defecto “de paisanos en manga de camisa”. Los moros estaban vestidos “con más o menos propiedad”: “pañuelos de seda de colores a modo de turbantes y fajas, enaguas blancas de mujer transformadas en zaragüelles, y sobre todo (en ello se observa la influencia de nuestra reciente campaña de Marruecos) prendas de uniformes de Regulares, Mehalas, (capotes, tarbuch), donde han servido algunos de los que intervienen como autores”. Incluso el capitán de ese año (1935) se había dejado la barba para afeitarse y recortarla según las tradiciones marroquíes.
Según el autor, las influencias no son sólo en la forma de vestir sino también en el lenguaje ya que, por ejemplo, el capitán moro había vivido varios años en Melilla y había servido en las fuerzas Regulares Indígenas. Según el autor “para la lucha no hay formula convenida” y añade que entre las palabras que se utilizan para desafiarse, insultarse, etc., aparecen palabras árabes corrientes “y mal pronunciadas”.
Ya García Figueras apuntaba en 1935 el potencial turístico de las fiestas a pesar de las malas comunicaciones, ya que si Benamahoma hubiera contado con buenas comunicaciones se verían “concurridísimas con la ocasión anual de las Fiestas de San Antonio, su Patrono, y de sus luchas seculares de “Moros y Cristianos”.
Posteriormente vendría la Guerra Civil y la terrible posguerra, que en Benamahoma causó una verdadera masacre, y que repercutió gravemente en el desarrollo de las fiestas:
“Después, fue ya difícil celebrarlas. No había voluntarios desinteresados y el pequeño número de los que conservaban su ilusión y su fe era insignificante. Con la muerte habían desaparecido algunos actores y ello hacía más difícil reconstruir los Parlamentos, que no estaban escritos y que se transmitían oralmente”(17).

A comienzo de los años cincuenta se produce el cambio de fecha, pasándose de una fecha fija como era el 13 de junio, y sus dos días posteriores, al primer fin de semana de agosto, tal como hoy día lo conocemos. Así argumentaba García Figueras, en 1959, el cambio de fechas en su artículo sobre las Fiestas de Moros Y cristianos de Benamahoma para el ABC:
“Benamahoma celebraba su Fiesta de Moros y Cristianos el 13 de Junio, día de San Antonio, Patrono de la aldea. Últimamente ha sido trasladada al primer domingo de agosto por ser esta fecha más favorable, dado el estado avanzado de la recogida de los cereales y de las labores del campo y por no coincidir con las fiestas del vecino pueblo de El Bosque que tiene también como Patrono a San Antonio”(18).

Además añadía una serie de datos interesante sobre el desarrollo de las fiestas de ese año de 1959:
“la indumentaria ha sido más cuidada y, por lo tanto, la fiesta ha tenido más brillantez. Todo hace esperar que, si se cuidan, estas fiestas tengan un interés en la región, por otra parte, de tantos atractivos turísticos por sus bellezas naturales” (19).

En 1960 el Ayuntamiento de Jerez de la Frontera, que presidia Tomás García Figueras, ayudó económicamente para el desarrollo de las fiestas. Posteriormente sería la Diputación Provincial la que prestó ayuda económica para dotar a ambos bandos de un vestuario adecuado y para reconstruir: “una buena parte de los Parlamentos” trabajándose “en la actualidad para que este año se termine la fiel reproducción tradicional”(20).
Aunque, según el propio García Figueras, la Fiesta de Moros y Cristianos de Benamahoma no tiene “parlamento (dialogo, generalmente en verso, entre los dos capitanes)”, aunque matizaba que: “alguna vez existió, pero, sin duda, ha ido poco a poco desapareciendo; hoy, como hemos apuntado, los denuestos, las imprecaciones y los gritos de guerra son improvisados y ocasionales. También, en este aspecto, cabe esperar un renacimiento de estas fiestas típicas de Benamahoma”(21).

Hoy en día las Fiestas gozan de una muy buena salud gracias a la implicación decidida de la Asociación Cultural de Moros y Cristianos de Benamahoma, que año tras año se vuelca en esta celebración que hunde sus raíces en tiempos inmemoriales y que representa un fantástico reclamo turístico para la localidad de Benamahoma y el resto de la nuestra comarca. Esperemos que de aquí a no mucho estas “Tradicionales Fiestas y Luchas de Moros y Cristianos” sean declaradas Fiestas de Interés Turístico Nacional de Andalucía, lo que supondría un importantísimo respaldo.
NOTAS.

* Grupo de investigación “Sierra de Cádiz: Historia, Patrimonio y Cultura” (G151H34).
Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).
Miembro de la Asociación Papeles de Historia.
() ABC. Sevilla, 5/8/2000, pág. 80.
(2) RODRÍGUEZ BECERRA, Salvador: Las fiestas de Andalucía. Sevilla, Ediciones Andaluzas Unidas, 1985.
(3) GARCÍA FIGUERAS, Tomás: “La Fiesta de Moros y Cristianos en Benamahoma”. África, junio de 1935, pág. 111.
(4) ABC. Sevilla, 8/8/1971, pág. 41.
(5) ABC. Sevilla, 10/8/1983, pág. 80.
(6) SANZ TRELLES, Alberto: Catalogo de espectáculos y diversiones públicas. Gobierno Civil de Cádiz (1797-1868).
Cádiz, Junta de Andalucía, Consejería de Cultura, 2008, págs. 9-10.
(7) Archivo Histórico Provincial de Cádiz (abreviado: AHPC), Gobierno Civil, Espectáculos, Caja 164, Leg. 164, Exp. 63.
(8) AHPC, Gobierno Civil, Espectáculos, Caja 164, Leg. 164, Exp. 40. Subrayado del autor.
(9) AHPC, Gobierno Civil, Espectáculos, Caja 166, Leg. 166, Exp. 55. Subrayado del autor.
(10) GARCÍA FIGUERAS, Tomás: “La Fiesta de Moros…”, op. cit., pág. 113.
Tal vez sería durante el periodo en el que el obispo Marcelo Spínola dirigió la Diócesis de Málaga (16/9/1886-8/2/1896) bajo cuya jurisdicción estaban las iglesias de Grazalema y por tanto la de Benamahoma y no de Sevilla, ya que cuando llegó a ésta fue en calidad de Arzobispo (1896-1906), sin estar las iglesias de Grazalema y Benamahoma bajo la jurisdicción del obispado de Sevilla. Reseñar que sería durante el periodo en el que el obispo Marcelo Spínola ocupó el obispado de Málaga cuando la parroquia de Benamahoma se transformó en parroquia rural de primera clase (1891), titulada de San Antonio de Padua, suprimiéndose la dependencia de la parroquia de Grazalema. Ver: ROMÁN ROMÁN, Jesús: “Benamahoma durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1931) y su constitución en Entidad Local Menor”. Revista de las Fiestas y Luchas de Moros y Cristianos. Ayuntamiento de Grazalema-Benamahoma, 2011, págs. 15-17.
(11) La Información, 23/6/1928.
(12) ROMÁN ROMÁN, Jesús: “Benamahoma durante…”, op.cit. págs. 15-17 y La Información, 13/6/1929.
(13) La Información, 7/6/1930. Artículo firmado por J. García Martín el 3 de junio de 1930, titulado BENAMAHOMA. Velada en los días 13, 14 y 15 de junio, festividad de San Antonio de Padua.
(14) GARCÍA FIGUERAS, Tomás: “La Fiesta de Moros…”, op. cit., pág. 111. Aquí dice que “la fiesta ha estado sin celebrarse desde el año 1930”.
(15) http://www.bne.es/es/Actividades/ActosCulturales/CicloCitaBN/CitaBN2007/ColeccionGarciaFigueras.html
(16) GARCÍA FIGUERAS, Tomás: “La Fiesta de Moros…”, op. cit., págs. 110-113.
(17) Biblioteca Nacional de España (abreviada: BNE).
Afr. G. F. Cª 351-25, 3 págs. Documento titulado: Otras fiestas de “Moros y Cristianos”. Texto de tres hojas escrito por una cara a máquina, posiblemente de la colección de Tomás García Figueras.
(18) ABC. Madrid. 12/9/1959, pág. 11 y ABC. Sevilla. 15/9/1959, pág. 7. Este artículo es un resumen del que realizó para la revista África en 1935. Sólo aporta como novedad los datos que exponemos en el texto.
(19) ABC. Madrid. 12/9/1959, pág. 11 y ABC. Sevilla. 15/9/1959, pág. 7.
(20) BNE. Afr. G. F. Cª 351-25, pág. 3. Desgraciadamente la fecha exacta de cuando se lleva a cabo esos trabajos para reconstruir los parlamentos no está explicitada en el texto.
(21) ABC. Madrid. 12/9/1959, pág. 11 y ABC. Sevilla. 15/9/1959, pág. 7.