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LAS LUCHAS Y FIESTAS DE MOROS Y CRISTIANOS DE BENAMAHOMA,
UNA TRADICIÓN HISTORICA.

Toda celebración festiva necesita de un contexto histórico para desarrollarse, de un lugar, de una simbología y de unos signos de identidad que la hagan única para los participantes en ella, normalmente los habitantes donde se realiza y los espectadores que la contemplan.

En el caso de nuestras fiestas el contexto histórico está, sin lugar a dudas, en la Reconquista del territorio, ocupado por los árabes, por parte de los reinos cristianos, aunque si afinamos más su origen lo marcan las últimas guerras fronterizas entre los cristianos del norte y los moriscos de los reinos taifas del sureste de la Península.

El lugar, Benamahoma, un enclave árabe, lo que se denominaba Alquería (aldea) perteneciente a la Cora (ciudad) de Ronda que a su vez pertenecía al reino nazarí de Granada.

El Reino Nazarí de Granada era el último reino de Al-Ándalus cuando llegan los caballeros cristianos a la serranía por orden de los Reyes Católicos para reconquistar el territorio y ocuparlo, expulsando a los árabes de los lugares que hasta ese momento les pertenecían.

Granada cae en 1492 en manos cristianas y los reyes comienzan un reparto de los territorios según las familias nobiliarias que les habían ayudado en la reconquista. La serranía gaditana se le entrega a la casa nobiliaria de los Ponce de León, por sus méritos en la guerra contra los musulmanes. El Marqués de Cádiz y Duque de Arcos, D. Rodrigo Ponce de León ocupará toda la sierra y todos los territorios, incluidos las alquerías musulmanas y sus pobladores.

Por tanto la alquería árabe de Benamahoma, sus tierras, huertas, manantiales, caseríos, ganados y habitantes, en su mayoría bereberes del norte de África, serán propiedad de la casa ducal de Arcos y del marquesado de Cádiz.

Ahí está la simbología que envuelve el origen de las Luchas de Moros y Cristianos de nuestro pueblo, en la manera que tienen los nobles castellanos de recordar a los habitantes del lugar quién ganó la batalla y como se realizó la ocupación del territorio. Simbología solo entendible dentro del contexto histórico de las comedias y juegos de moros y cristianos que tan de moda se pusieron en los s. XV-XVI, organizados por los caballeros cristianos pertenecientes a las casas nobiliarias junto con la población autóctona, árabes en su mayoría, de cada lugar.

Desde mi punto de vista en el caso que nos ocupa, la simbología la condiciona el entorno del lugar, abundancia de agua, riqueza de tierras, climatología agradable y abundancia de montes, o sea todos los elementos necesarios para constituir un caserío prospero y rico dentro de las posesiones del ducado. Son esos elementos los que van a convertirse en símbolos de la fiesta, en su celebración, en su organización y desarrollo antropológico de la misma, evidentemente con las evoluciones y alteraciones que sufra por el paso del tiempo.

La fiesta se realiza con el comienzo de la estación estival, cuando los campos están segados y las cosechas recogidas, es el descanso al trabajo realizado y la celebración de las ganancias obtenidas. Es el momento de celebrar la cosecha sobre todo en un pueblo con abundantes huertas, bosques para la recolección de frutos y caza. Ese será el pretexto para engalanar las zonas públicas, crear mercados que aglutinen a los habitantes de la comarca y recordar a la población de quién es el lugar, quienes son sus señores.

Es aquí cuando la simbología se convierte en signo de identidad del pueblo, los nobles desfilarían con sus mejores galas, sus armas y sus estandartes, al mismo tiempo que el pueblo llano contemplarían el poder de los nuevos moradores, se haría por las calles principales hasta la plaza central donde tendrían lugar las celebraciones más importantes, entrega de llaves, pergaminos de ciudadanía, capitulaciones o conversiones a la nueva religión. Todos actos de reafirmación del poder de los vencedores frente a los vencidos, es de suponer que la religión marcará el orden festivo bajo el patronazgo de algún santo o santa protector del sitio o avocación de la casa señorial, en el caso de Benamahoma el santo elegido será San Antonio de Padua, un santo popular y cercano al pueblo, de culto fácil y hacedor de milagros y favores en la batalla que se recuerda. Con el tiempo el Santo será el pretexto para realizar la fiesta, y esta se institucionaliza en función de su día, de su patronazgo, dándole la impronta religiosa que los caballeros cristianos querían instaurar a la población sarracena. Es la manera de evangelizar a los denominados “infieles” y convertirlos a la religión católica. Sin embargo en el caso de nuestro pueblo, los castellanos le mantienen el nombre árabe y la evangelización es muy poco significativa, posiblemente por ser una aldea pequeña y aislada, no es de extrañar que la población autóctona mantuviese sus cultos aunque fuese en la clandestinidad o en la intimidad de sus casas, de ahí que en el esquema festivo de Benamahoma los llamados moros no son convertidos al catolicismo, ni se realizan capitulaciones donde firman su rechazo a su origen árabe como ocurre en otros lugares de la geografía andaluza.

La señas de identidad también vienen marcadas por la evolución de la fiesta, si su origen parte de una imposición del poder vencedor, pronto será una recreación de lo que fue la batalla fronteriza que ocurrió, siendo el esquema variado a luchas o escenificaciones de las mismas para dar a conocer lo que en tiempos pasados se desarrolló. Y esas escenificaciones se harán para reconquistar no ya el lugar, sino el símbolo del mismo, o sea, la imagen de su patrón.

Todo estará dirigido a eso, la fiesta es la lucha entre los dos bandos, moros y cristianos por las calles principales del pueblo, engalanado para la ocasión: estandartes, banderitas, escudos, luminarias… todos elementos que realcen la celebración pero que al mismo tiempo le den una escenografía necesaria al evento.

Y todo para recrear una batalla, entre diálogos de capitanes y tropas que pelean cuerpo a cuerpo en un ritual ancestral, en una unión con la tierra donde los cuerpos se entrelazan. Se unirán a estos hechos trabucos y espingardas llenas de estruendos de pólvora, gritos, arengas y todo regado con agua y vino de búcaros de barro. Elementos necesarios en dicha representación junto con los sones de la música, la presencia de los séquitos de las reinas cristianas y moras y como no el elemento de la disputa, representación del pueblo, el paso de la imagen de San Antonio de Padua portado por los hombres y mujeres del pueblo.

La representación, en el caso de nuestro pueblo, acabará marcando el calendario festivo y dando el poder de forma alternativa a un bando u otro para centrarse en dos días de celebración donde la imagen quedará en manos de los moros primero y de los cristianos después. Con unos elementos únicos y significativos dentro del contexto festivo benamahometano, el santo será sacado del templo parroquial, símbolo de la religiosidad popular y custodiada en el pueblo, en una capilla habilitada para tal fin donde se unen elementos de ambas culturas y solo entendible dentro de la simbología festiva de Benamahoma, las tropas serán perfectamente organizadas en función de ese antiguo esquema de clases sociales, los moros ganarán dentro del pueblo como autóctonos del lugar y los cristianos vencerán a las afueras del mismo como nuevos pobladores y la fiesta terminará en un manantial donde ambas tropas lucharan dentro de sus aguas, éste ritual único es una metáfora de la limpieza de los cuerpos y el resurgir de los mismos de las aguas, ¿un bautismo cristiano?, ¿una ablución árabe?... no sabría que decir pero lo cierto es que el agua, como elemento configurador del paisaje, juega aquí un papel importante al hacer que los participantes de la lucha acaben en un abrazo de hermandad donde no habrá ni vencedores ni vencidos sino vecinos y vecinas que han participado de la tradición histórica de sus fiestas, un legado único que ha pasado de generación en generación, historia viva de lo que en otros tiempos fueron hechos históricos de crucial importancia para nuestro pueblo.

Fuentes consultadas:

Revista Africa, artículo de Tomás García Figueras, la fiesta de moros y cristianos de Benamahoma en 1935.
Archivo histórico provincial, fiestas de moros y cristianos de Andalucía.
Las fiestas de moros y cristianos en Andalucía, Salvador Rodríguez Becerra. Gaceta de Antropología. Universidad de Sevilla.
Web oficial de Turismo de Andalucía-Fiestas de Moros y cristianos.
Fiestas Hispanas de Moros y cristianos: Historias y significados. Demetrio E. Brisset Martín. Universidad de Málaga.
La fiesta de moros y cristianos. Un complejo cultural. Francisco Checa. Universidad de Almería.
Andalucía: una cultura y una economía para la vida. Isidoro Moreno y Manuel Delgado Cabeza. Universidad de Sevilla.
Testimonios orales sobre las fiestas. Apuntes sobre entrevistas a vecinos y vecinas.
Apuntes sobre las fiestas de moros y cristianos de Benamahoma. Jesús Román Román, arqueólogo.
Imágenes propias, Asociación cultural de moros y cristianos de Benamahoma y Francisco Rodríguez Ramírez.